Un
viaje clasificación M
En vacaciones de verano, del último año de la prepa, entre puros
amigos decidimos organizar y emprender una aventura. Aún recuerdo todas las
cosas que hicimos para juntar el dinero:
unos fueron a trabajar unos cuantos días (para ellos un infierno el trabajo
duro), otros, con buena posición económica bastó con pedirles a sus padres lo
suficiente a cambio de trabajos en el hogar. Mi caso fue diferente, tuve que
deshacerme de gran parte de mi colección de videojuegos, los más antiguos, por
eso, los más caros.
Después de conseguir el dinero el problema era definir nuestro
destino. Lagos bosques y montañas nos llamaban la atención, y no faltó Chino
queriendo ir a un lugar tenebroso. Llegamos a
un acuerdo, Chiapas fue la elección, pero no en cualquier parte,
acamparíamos en el cañón del sumidero.
Llegó la fecha acordada, nos dirigimos todos juntos al aeropuerto
dentro de la camioneta de Yaya, todos íbamos muy apretados, pero contentos.
Llevamos solo lo necesario para no pagar kilos de más. Al llegar a la taquilla
y comprar los boletos, como típicos alumnos que dejan todo a último momento,
sentimos una gran emoción: entre que sería nuestro último viaje juntos y
nuestra pronta graduación. Aún nos dio tiempo de comer unos aperitivos en la
cafetería cuando anunciaron nuestro vuelo. Cuando lo hicieron yo me encontraba
nervioso y sentí un mal presentimiento, recordaba que esa sería mi primera vez
en un abordar un avión. Mi boleto era el A-77, nos dimos el lujo de viajar en
primera clase. Nos acomodamos en lugares cercanos mientras escuchábamos y nos
burlábamos de los viejos hombres de negocios que intentaban callarnos.
Antes de despegar una linda azafata nos dio prevenciones sobre
cualquier emergencia, cuando terminó, una mesera la remplazó acercándose a nosotros
y ofreciéndonos parte del menú del avión. Nos atascamos con el pretexto
“pagamos esto, ¡Hay que disfrutarlo!. Varios de nosotros, tras habernos
terminado las reservas del avión nos dio el mal del puerco y quedamos
completamente dormidos. En unas horas después, el avión comenzó a hacer
movimientos muy raros y bruscos, eso despertó a la mayoría de la gente que ahí
dormíamos. La voz del capitán por medio del comunicador trató de
tranquilizarnos, pero no lo hizo, nos informó que el motor X3 tenía una avería
y que el mecánico de servicio lo estaba atendiendo. Tiempo después, por medio
del comunicador, se nos advirtió que todo se encontraba de nuevo en orden.
Pasaron unos cuantos minutos cuando una fuerte tromba azotó los cielos
mexicanos (solo a nosotros se nos ocurre viajar en temporada de lluvia
intensa). El capitán nos alertó y sugirió el colocarnos los cinturones de
seguridad y estar al pendiente de cualquier otra indicación. La atmosfera
dentro del avión se había tornado dura y un poco fría. Todos temían por que
algún relámpago partiera el avión a la mitad y la misma gravedad nos aventara
al vacío encontrando ahí una muerte segura. Yo, en cambio, tras haber jugado
todo juego de survival horror
existente, no temía por nada que fuera a pasar. De pronto una fumarola comenzó
a asomarse en el ala izquierda del avión, Sheila fue quien nos advirtió y de
inmediato comenzó a llorar y gritar sin control, comenzamos a tranquilizarla
con cualquier cuento que se nos ocurriera, el avión no daba señal alguna así
que un par de Venezolanos acudieron a la cabina para asegurar que todo se
encontraba en perfecto estado. Al volver, traían una cara como si hubieran
visto a Pyramid Head manipulando el
avión, y fue entones que nos avisaron que el piloto había fallecido de un infarto
y que no había quien tripulara la nave. Pasamos momentos horribles, la única
seguridad que teníamos era que el piloto automático de la nave se haría cargo
de llevarnos hacia nuestro destino pero la gasolina y el estado del ala
izquierda era un gran adversario a nuestra tranquilidad.
Pasó un rato más y mucha gente comenzó a rezar y pedirle, a un ser creado para
cubrir la necesidad humana de creer en una fuerza mayor a la humana, que nos
salvara de la perdición. Las azafatas nunca habían estado en una situación como
la que en ese momento acontecía, no había manera de contactar con tierra, con
torre de control ya que las conexiones se encontraban deshabilitadas, los
radios del piloto apagados y los celulares sin línea.
El cielo comenzó a despejarse y en ese momento el mecánico en
turno salió para avisarnos que la situación estaba grave, que él no fue
capacitado para volar un avión ni para resistir esta tensión, además, el estado
del ala izquierda iba empeorando, solo un milagro podía salvarnos. Nosotros, los
compañeros del alma, amigos unidos para el desmadre y las borracheras, nos vimos a los ojos,
recordando cada momento que pasamos juntos. Fue así que un testigo de
Jehová se puso de pie en el lugar que
horas antes había ocupado la azafata y comenzó a rezar en voz muy alta. Los
pasajeros de clase comercial comenzaron invadir nuestro territorio, todo el
avión entero se encontraba en Primera Clase (de haber sabido, nos hubiéramos
ahorrado unos pesos más).
Ahora, el avión alarmó por medio de un sonido que el ala izquierda
había sido deshabilitada, ¡VOLABAMOS AHORA A LA DERIBA CON SÓLO UN ALA!.
Entonces, todos comenzaron a preguntar que si alguien había antes conducido un
avión o un mecanismo parecido. Entonces me armé de valor y decidí conducir yo.
Al entrar a la cabina se me informó que sólo un aterrizaje forzoso nos salvaría
y que estábamos en un lugar apropiado para hacerlo. Un logro de Platino se me
sería otorgado si esto fuera ace combat
assault horizon pero NO, era la vida real. En ese momento traté de hacer
memoria del panel de comando en mi XBOX, el cómo maniobrar un avión y sus
altitudes. Por suerte recordé de inmediato, tome el mando y comencé a descender. Mis manos
sudaban demasiado, más de 200 vidas dependían de mi pasatiempo favorito, y en
especial esas tardes que la profe Lore nos dejaba salir temprano y así podía
terminar el juego.
Encontré, gracias al mecánico un lugar ideal para poder aterrizar
y así lo intenté, gritos y llantos se oían por todos lados pero eso no me
afectaba en nada. A unos cuantos metros del suelo el ala izquierda se
desprendió, eso hizo que perdiera control de la nave y así, chocamos con un
montículo de piedras que había cerca de ahí. Poco a poco veía como la gente que
más aprecié, durante mi edad de la punzada, moría. Todos esos esfuerzos que
hicimos por subir las notas y así lograr el permiso para este viaje se fueron a
la chingada. El avión comenzó a prender en fuego, muchos murieron quemados,
otros ya lo estaban antes del fuego. No quedaba nada, sólo las tristes cenizas
del avión 747.
Autores:
Castro
Camacho Rubí
Flores Azamar Sheila
Sosa Luna Mauricio Iván
Viaje
a Islas Galápagos
No lo recuerdo ben, porque fue hace mucho tiempo, era niño en
aquel tiempo entonces, mi padre era un
gran pirata. De tantas aventuras que viví con el, hubo una en especial, en las
que fuimos a las Islas Galápagos en busca de un tesoro.
El viaje duro 3 días.
En el primero vimos cantar unas sirenas, las cuales casi nos desvían del
camino. Ese cantar solo hipnotizaba a los adultos, y como niño que era no sentí
esa sensación, así que moví a mi padre que reaccionó así pudimos volver al
camino.
En el segundo día, un calar gigante nos sorprendió desde el
fondo del mar, quería tragarnos, mi padre lo enfrento con astucia y valentía,
logro vencer al calamar gigante, pero en la lucha perdió un ojo.
En el tercer día, llegamos a las Islas Galápagos, la cual nos
pareció muy hermosa al inicio, pero al ingresar en ella teníamos que luchar con
la extensa vegetación y los animales extraños que se nos presentaban en el
camino, de repente al mejor amigo de mi
padre, llamado Ramón, empezó a actuar de una forma muy extraña, como si
estuviera poseído y en una de esas con una voz extraña dijo:
- aléjense de aquí-
El cielo empezó a tornarse de color obscuro, Ramón se
desmallo y al instante empezaron a ocurrir cosas extrañas. Los animales empezaron
a atacarnos, empezamos acorrer y llegamos a la nave, mi padre ordeno el regreso
inmediato.
Nunca supimos si realmente existió un tesoro y esa obscuridad
de la Isla es su guardián.
Autores:
Claudia Ramírez Merchant
Bricia Diana González Juárez
Sandra
Rodríguez Aguilar
Solo
una aventura
Había una vez una chica y un chico
que se conocieron en 5to semestre de preparatoria, estos chicos se hicieron muy
buenos amigos con el paso de los días ya que tenían muchos gustos en común, tenían una forma
distinta de ver la vida, ellos veían solo fiestas y fiestas. Por cierto, les
gustaba el rock.
A ella le gustaba este chico por lo tanto quería pasar más tiempo con el
solo para agradarle y tal vez, que llegaran a ser novios. Y en busca de nuevas
aventuras, simples aventuras, juntos salieron a dar una vuelta con sus amigos,
estos con vicios de alcoholizarse, de consumir drogas y cualquier otro vicio
dañino para el organismo indujeron a estos a ingerirlas.
Ella se llamaba Cintia y el Alejandro. Al regresar a casa ella sintió algo
extraño, por alguna razón ya creía que tal vez, podría declarar sus emociones y
sentimientos cuando se encontraba con él, ella era un poco ingenua. Así que le
dijo a Alejandro acerca de lo que ella sentía.
El sin pensarlo dos veces entendió esto y en respuesta mantuvieron una
relación ya que ella era muy
hermosa, el solo sembró ilusiones en ella para después bajarla
de su nube.
Al pasar determinado tiempo, ella, gracias a las acciones de su novio decidió
dejarlo ya que nada de lo que se imaginaba con el pasaría, a el no
le importo nada de esto.
Fin
Autores:
Jesús Emmanuel García Martinez
Diana Patricia López Chávez
Isabel Suarez Ascención
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