La coneja ambiciosa
Había una vez una coneja que
vivía en una pradera, se llamaba Rubí era muy mala y ambiciosa. Ella soñaba con
casarse con un conejo muy rico para que la sacara de la pobreza y como era muy
bonita muchos conejos caían a sus pies rendidos entre ellos había uno que se
llamaba Efraín y que en verdad la quería, pero ella le dijo un día:
-Yo jamás andaré contigo así que
ni te hagas ilusiones, eres muy poca cosa para mí, yo me voy a casar con
alguien muy rico, a quien valga la pena darle mi belleza.-
Efraín se fue muy triste y no
volvió a buscarla. Un día la coneja conoció a un conejo millonario llamado
Mauricio y lo enamoró con sus encantos, con el tiempo se hicieron novios.
Rubí se volvió más engreída, dejó
de hablarle a todos los conejos que vivían en la misma pradera porque ella
decía que se volvería rica y que ese tipo de amistades ya no eran de su
categoría, con el tiempo se fue quedando sin amigos. Un día llegó a verla
Mauricio y le dijo que ya no quería seguir siendo su novio, porque él se había
enamorado de otra coneja más guapa y menos soberbia, ella le suplicó que no la
dejara, pero él la ignoró y jamás volvió. Del
plato a la boca se cae la sopa
Autores:
Rubí Tania Castro Camacho
Sheila Azucena Flores
Azamar
Mauricio Iván Sosa Luna
Gran dilema, mala eleccion
En un reino no muy
lejano existió una princesa, ella era muy bonita y de muy buenos modales sólo
que tenía un defecto, sólo uno pero muy grande: la ambición. Un día caminado
por el bosque se encontró a un zorro, pero no era cualquier zorro este
animalito guardaba muchos secretos, uno de ellos es que era mágico, él la vio a
lo lejos recolectando flores y se quedó anonadado por su belleza, se acercó
poco a poco y le habló:
-Hola hermosa dama.
Ella sorprendida le preguntó: -¿Puedes hablar?
- Claro, contesto él.
-¿Cómo es posible? Le preguntó.
Él le respondió
que por un embrujo que le hicieron cuando era bebé, todas las tardes se convertía
en un zorro, pero que en realidad él era humano.
Pasaron los días y
lo siguió frecuentando, ella se fue enamorando pues la pasaba muy bien, un día
al regresar, el padre de ella le dijo que se iba a casar con un príncipe del
otro reino, para mantener buenas relaciones económicas.
Ella se sorprendió
y se emocionó bastante, pero a la vez estaba tan triste pues se había enamorado
del zorro.
Entonces se
encontraba en un dilema, el amor o el dinero. Ella dejó de ir al bosque, el
zorro se deprimió bastante, el zorro la intentó buscar pero fue en vano.
Pasaron los meses. Y ella decidió el dinero, finalmente se casó. Al paso de
unas semanas, ella regresó al bosque y encontró al zorro, él estaba muy emocionado,
ella lo recibió con frialdad y le contó lo sucedido, el zorro le dijo que él
era muy rico. Ella se fue llorando y arrepentida del error que había cometido,
por lo que vivió infeliz. Es más
importante vivir con amor que vivir con dinero y ser infeliz.
Autores:
Claudia
Ramírez Merchant
Bricia
Diana Gonzales Juárez
Sandra
Rodríguez Aguilar
El caballo
y el pavorreal
En la granja de “Don Concho”,
vivía un caballo quien tenía por vecino de establo a un pavorreal, quien bien
sabido por todos era un presumido, y todo el mundo tenía algo que envidiarle,
el pato quería sus plumas, el burro, su inteligencia, el puerco, su cuerpo fino
y las vacas su cuello, solo el caballo se sentía feliz consigo mismo y era
bastante seguro.
Cierto día por el festival
de la primavera se organizó una fiesta a la que todos los animales estuvieron
invitados y como siempre el pavorreal tenía que destacar, escogió ponerse sus
mejores ropas, todo bien ataviado se dispuso a salir al baile, donde muchas
gallinas, varias pavas y uno que otro guajolote lo esperaban ansiosos para
bailar. En la fiesta se encontraba entre el puerco, el burro y unos patos
nuestro amigo el caballo, el pavorreal para hacerse el interesante, decidió
retar al caballo a un duelo de baile, este un poco apenado por no saber cómo bailar
no aceptó tan rápido, finalmente se decidió y ambos animales se encontraban en
la pista.
Ambos comenzaron a bailar,
pero todo el mundo, ciertamente daba más preferencia al pavorreal que al caballo,
así que comenzaron a abuchear y eso puso algo nervioso a nuestro amigo, de
pronto, el caballo al dar un mal paso piso el plumaje del pavo quien estaba
dando vueltas en el piso y de un solo tajo y sin querer, le arrancó la cola,
todos quedaron anonadados al ver que detrás de toda aquella belleza el pavo era
un indefenso pájaro, que desnudo no se sentía seguro, y así fue como
concluyeron que alguien seguro de sí mismo, nunca duda en dar un paso, aunque
pueda llegarse a equivocar, todo lo hará bien siempre.
Equipo:
Isabel
Suárez
Patricia
López
Emmanuel
Martínez
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