Mitos

Zeus y su furia contenida.
Data de los tiempos del Olimpo una hermosa y muy deseada mujer llamada Artemisa, la cual, siempre se encontraba dentro de las profundidades del bosque recolectando flores y cantando junto con los animales. Un día de tantos Zeus, Dios Supremo, se asomó por las laderas del monte Olimpo y ahí, por azares del Oráculo, cayó su mirada dominante y poseedora sobre el resplandor puro que Artemisa radiaba. Como era costumbre, Zeus pensó de inmediato en conquistar a dicha pieza fina labrada por las manos de los mismos dioses, así que bajó del olimpo adentrándose en el bosque. Para no levantar sospechas y además de ser una de las magníficas costumbres del Dios Supremo, convirtió en un imponente alce. Al hacerse notorio, Artemisa sintió que algo se encontraba fuera de lugar ya que la llegada de un nuevo animal al bosque no era tan frecuente. Los animales que acompañaban el canto de Artemisa, al ver al majestuoso alce, se alejaron de inmediato dejándolos completamente solos y con ello, la hermosa mujer quedaba desprotegida de Zeus. Él, al darse cuenta de la circunstancia, regreso a su forma humana y tomó a Artemisa de la cintura seduciéndola con los mejores versos de la antigua Grecia. Ella se sintió ofendida tras la mentira de Zeus y más que nada sabía su mala reputación y con ello su mala reputación. Rechazó todos los halagos diciendo que no sería uno más de sus deseos carnales y que mejor se alejara. El dios Supremo, como también conocido como dios del trueno, de inmediato se sintió más que ofendido y al mismo tiempo furioso ya que a él nunca nadie le había negado nada. Debido a la furia contenida dentro del ser omnipresente, Zeus llamó a su fiel espada conocida por los guerreros espartanos como “la espada del rayo”. Artemisa nunca había visto dicha espada, lamentablemente, esa fue la primera y última vez que la vio. Por ello, Artemisa es considerada como la diosa de la virginidad, murió pura y libre de las ya sucias manos de Zeus, el cual, desde aquél suceso, cuando ve hacía el ahora frío bosque, se llena de coraje al recordar que ahí murió la única mujer que rechazó su máximo poder. Dionisio y la vida loca.
Dionisio era un dios bastante distraído y no cualquier cosa lo entretiene, así que planeó realizar una fiesta alucinante para la mente humana. Para ello le pide a Hermes que invite a todos los dioses. Se asigna la tarea de buscar los mejores vinos con la intención de que pasen sucesos increíbles. Sin embargo, Dionisio nunca imaginó que a la fiesta asistirían mortales, y no cualquier tipo de mortales sino que los más atractivos y entre risa y risa se reveló el lado lujurioso de los dioses. Las mortales se volvieron extremadamente fértiles puesto que Afrodita, diosa de la fertilidad, se encontraba extasiada y los que salieron afectados por este suceso fueron los cuatro hermanos más poderosos; Zeus, Ares, Hades y Poseidón. Sabiendo que los dioses son inmortales, su fiesta tuvo gran duración. En un año los cuatro grandes dioses embarazaron a cuatro de las mujeres más cotizadas de la antigua Grecia, suceso que no esperaban y mucho menos deseaban. Para ellos resolvieron esos problemas muy a su manera. Ares sacrificó a la mujer tanto como a su hijo y así desató una guerra entre los espartanos y él saliendo él victorioso. Hades causó la muerte de la mujer y el no nacido y así obtuvo sus almas. Poseidón, en cambio, llevó a la hermosa mujer y a sus trillizos al fondo del mar hasta que murieran, así llamo a los actuales tres océanos: Índico, Pacífico y Atlántico. Finalmente Zeus, el dios supremo, mató con un rayo a la mujer junto con el producto de esa fiesta creando una las tormentas tras la tristeza que Grecia sufrió al saber que la mujer más bella de ese lugar había muerto. Dionisio nunca imaginó que esa sería la mejor fiesta, tanto que todo se le salió de control. Por fin algo lo había entretenido. Lo dioses, en cambio, están listos esperando la siguiente fiesta…
AUTORES:
Rubi Tania Castro Camacho
Sheila Azucena Flores Azamar
Mauricio Ivan Sosa Luna


EMBARAZO NO DESEADO

Zeus era el dios supremo, y como era de costumbre, él tomaba todo y no se le negaba nada. Hera, su esposa, ya estaba harta de que tomara así a las mujeres y de tantos hijos que dejaba.
Un día Leda, estaba en el bosque recolectando zetas para que le hiciera de cenar a su marido, pero vio un ciervo, que estaba mal herido, al verlo le dio lástima y empezó a hacerle las curaciones necesarias, pasó el tiempo y ya se había anochecido. Hasta que acabó de curarlo, ella se dio cuenta de que era demasiado tarde. De regreso a su casa, se encontró a un hombre, muy triste. Leda le pregunto qué le pasaba, él dijo que tenía hambre, entonces ella le dio unas zetas de las pocas que había recogido. Al dárselo, el hombre le agarró la mano, y se transformó en Zeus, Leda se espantó al verse en tal situación, Zeus la tomó a la fuerza, Leda gritaba pero era en vano. Ella quedó inconsciente y al otro día despertó: su esposo Tindareo de Esparta estaba muy preocupado al no llegar Leda, él le pregunto qué le había pasado, ella le contó lo sucedido, Tindareo se enojó y se dirigió al Olimpo. Hera, sintió vergüenza, de que otro esposo fuera a declarar lo ocurrido con su mujer.
Cuando estaba describiendo lo sucedido llegó Zeus y dijo yo soy el dios supremo y ya saben que no se puede negar nada al Dios. Tindareo se enojó, Zeus le pidió que regresara a su casa y cuidara a su mujer para que no hubiese complicaciones con el parto de sus hijos, Tindareo no tuvo de otra que regresar y pasar 9 meses cuidando a su mujer y diciendo que ella no tuvo la culpa. Leda al principio se quería morir porque no deseaba tener hijos tan joven, por lo que Tindareo la convenció de que él iba a cuidarlos. Tuvo 2 hijos Helena y Pólux.  Zeus no llegó a ver a sus hijos, Leda con la ayuda de Tindareo, los amo y los cuidó, así ellos vivieron en un ambiente sano, sin importar que fueran de un embarazo no deseado.


SUICIDO

Ares era el dios de la guerra, hijo de Zeus, dios del trueno y Hera, diosa del matrimonio. Ares tenía la facilidad de enamorar a las mujeres y en una de tantas aventuras encontró a una mortal llamada Andrómeda, estaba caminando por el bosque cuando lo vio a lo lejos, se quedó impactada por su fisonomía. Se enamora de él en ese mismo instante, él vio el hermoso cuerpo de Andrómeda y como era de costumbre dijo: “Tiene que ser mía”.
Caminaron juntos por el bosque y él la desnudaba con la mirada a cada paso que daba, ella no resistió más esas miradas acosadoras y se entregó  a él como una leona en celo. Ella lo hacía por amor porque en el primer instante en que sus miradas se encontraron cayó en un estado de completo enamoramiento, pero lamentablemente él nunca había sentido lo mismo.
Él le pedía que sacrificara animales para ofrecerlos a él, Andrómeda lo hacía con tal de que no se alejara de ella. Un día Zeus le pidió que sacrificara algo con más valor, le pidió la vida de su padre, ella no quería hacerlo pero la locura de su amor la obligó, ella no resistió más y por la culpa tan grande que tenía decidió sacarse el corazón y lo ofreció, no a Zeus, sino a la memoria de su padre.  
Autores:
Claudia Ramírez Merchánt
 Bricia Diana González Juárez
Sandra Rodríguez Águilar 






Deseo carnal

Antes de casarse con Zeus, Hera tenía una vida insipiente, pues pasaba horas admirándose  en un espejo diciéndose soy la mujer más hermosa que haya existido, la más hermosa de todos los tiempos, por lo que crecía más su ego, los dioses vecinos hartos de su comportamiento decidieron terminar toda relación con la soberbia.
Cierta noche en su gran aposento recibió una visita, una visita inesperada, era Narciso quien había venido a buscarla con la curiosidad de comprobar por el mismo las habilidades fogosas que se rumoraba poseía la diosa.
-¿Quién se atreve a molestar a Hera?
-¿Soy Narciso y he venido a calmar tus deseos incesantes de amor?
-Siendo así, te invito a pasar la noche aquí.
-Esta noche, será una velada llena de satisfacción.
Cuando el sol dejó de dormir, Narciso despertó sigilosamente, se apartó del lado de Hera y abandonó los aposentos.
Al despertar Hera tenía en el rostro una impresión de ilusión como si el mundo fuera a acabarse y del cielo hubiese bajado un ángel a asegurarse que nada pasaría. Que todo estaría bien, que la cuidaría, que la amaría por siempre.
Abrió sus ojos completamente y miró hacia ambos lados de la cama, al no encontrar a su amado, loca de ansiedad comenzó a gritar:
-Narciso, ¿dónde estás amado mío?
¿Dónde te ocultas que no te encuentro?
Sin conseguir respuesta dentro de la casa, salió y preguntó.
Los días pasaron y Hera continuaba su interminable búsqueda, al quinto mes de esto una mañana mientras salía de su habitación y se dirigía al baño como todos los días un fuerte dolor vino de su vientre y congeló su cuerpo, sí, así era, la bella diosa estaba esperando un hijo, un hijo nacido de aquella noche de amor. Por todo ello se encontraba tremendamente preocupada, ahora más que nunca necesitaba saber el paradero de Narciso y, así, se dispuso a buscar sin descanso hasta que un día se encontró con él, como un niño que adora un juguete nuevo corrió hacia él, lo abrazó y lo besó, mientras lo besaba lloraba de felicidad, Narciso extrañado la alejó de su lado y dijo:
-¿Qué haces? ¿Cómo te atreves a semejante osadía?
Narciso amado mío tendré un hijo tuyo.

-¿Qué has dicho? ¡Has perdido la cabeza!


-No es así, no miento, mira, puedes sentirlo.
-Te equivocas, no te acerques más a mí, soy perfección hecho hombre, jamás podría quedarme atado a ti, no me mereces, aléjate, punto, no quiero volverte a ver.
-Pero…
-Que te apartes he dicho.
Con el alma llena de dolor, Hera corrió y corrió, decidió bajar a la tierra y junto a un hermoso lago donde el agua brillaba como un diamante de la luz, juró a los dioses no volver a amar a ningún otro hombre sobre la faz de la tierra y con una daga clavó su vientre, la sangre comenzó a fluir por el agua y la luna a teñirse con un rojo escarlata tenebroso y penetrante.
Dicen los que han visto que cada luna llena, exacto el día del incidente, al acercarse al lago donde Hera mató a su vástago, el reflejo en el agua comienza a formarse roja y la luna completamente redonda nos representa el bien, puedes ver el bello rostro de una mujer llorando hacia el cielo.


Bullying

Sabíase de sobra que la solvencia moral del dios Zeus no era la mejor, por esto había en la isla de Creta una extraña regla que ninguna mujer debía pasar por ahí pasadas las 9 de la noche, no debía haber alma alguna fuera de su casa y tenían estrictamente prohibido acercarse o hacer rondas al bosque de Cetalo mismo que se encontraban a orillas de esta misma isla.
En una noche a una granjera de nombre Mina, el tiempo le fue escaso para realizar sus actividades por la tarde y tuvo que retrasarse una horas más, Mina terminó su trabajo por allá de las 10 de la noche y un poco temerosa por violar la regla del tiempo, al parecer no pensó tan rápido pues cuando se dio cuenta se encontraba demasiado cerca de los bosques de Cetalo. Comenzó a caminar a prisa cuidando de no mirar hacia atrás, pero dentro de los árboles una voz varonil empezó a llamarla invitándola a yacer juntos, era Zeus transformado en una indefensa oca, Mina no pudo resistirlo y sin pensarlo un par de veces se acercó y ocurrió la magia.
De aquel encuentro resultó un barón quien llevó por nombre Tuamon y del cual al enterarse Hera (esposa de Zeus) de su existencia se encargó por todos los medios de hacerle la vida imposible al bastardo.
En la escuela los instructores lo maltrataban, sus vecinos y compañeros lo llamaban bastardo y lo golpeaban por esa simpleza.
Cierto día volvió a casa con un brazo roto y la nariz casi desecha y completamente ensangrentado. Harto de esto, Tuamon decidió tomar cartas en el asunto por lo que rodeó el pequeño estadio donde recibía algunas clases, este lugar era de  paja completamente seca a las que puso un poco de aceite y cuando  profesores y alumnos se encontraban dentro les encendió fuego.

García Martínez Jesús Emmanuel
Suarez Asención Isabel
López Chávez Patricia













































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